Edición Número 406 – Diciembre 2019

Antes que nada, armar el rompecabezas

La implementación de un programa económico que permita converger hacia un escenario de estabilidad macroeconómica, de modo de romper con un ciclo económico de ocho años de caída del producto y suba de inflación, requiere, como condición necesaria, la recuperación de los equilibrios macroeconómicos (fiscal y externo) y el logro de una nominalidad (inflación) descendente.

La recuperación de los equilibrios macroeconómicos impone alinear los déficit o superávit con los niveles de endeudamiento (fiscal y externo), sujeto a la tasa de crecimiento potencial, la tasa de interés y al ajuste social y políticamente posible del país, siendo crucial para ello también recuperar el crédito del sector público.

El logro de una nominalidad descendente, por su parte, implica lograr que precios, salarios, tarifas, jubilaciones, dinero, gasto público, tipo de cambio y tasas de interés registren tasas de crecimiento nominales decrecientes y coordinadas en el tiempo.

Con la reciente sanción de la Ley de Emergencia económica el Gobierno contará con las herramientas necesarias para implementar un programa económico que, efectivamente, apunte a recuperar los equilibrios macroeconómicos y lograr una nominalidad descendente. En esta edición del IEC repasamos aspectos fiscales y monetarios (parte de los desequilibrios) vinculados al desafío que se viene en materia de política económica, como también la propia dinámica inflacionaria (el problema de la nominalidad).

El paquetazo impositivo, los desincentivos a la demanda de moneda extranjera y la discrecionalidad con que contará el Gobierno para fijar el ajuste de la movilidad jubilatoria y para renegociar la deuda pública que incluye la Ley de Emergencia económica apuntan en las dos direcciones antes mencionadas. Y el prometido Pacto Social, que todo indica incluirá un acuerdo de precios y salarios entre empresarios y sindicatos y muy probablemente estará acompañado de un aporte del Estado convalidando alguna referencia cambiaria (crowling) y tarifaria, seguramente buscará quebrar la inercia inflacionaria con el propósito de converger a tasas de inflación sustancialmente menores.

Estas herramientas con las que contará el nuevo Gobierno, sin embargo, no aseguran nada. El nuevo Gobierno todavía tiene que armar y encastrar correctamente todas las piezas del programa económico y ponerlas a funcionar. De ser exitoso, lo más probable es que el camino no sea lineal.

 

Hernán Hirsch
Diciembre 23, 2019

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